Guinea Bissau es un país que merece mucho más que vivir de crisis en crisis.
Una vez más, la situación política de Guinea Bissau vuelve a colocarse en el foco nacional e internacional, porque una vez más, queda demostrado que el país sigue atrapado en un ciclo de inestabilidad que le impide avanzar hacia un modelo democrático consolidado. La frecuente intervención militar sobre todo en estos últimos seis años comandado por el autoproclamado “presidente de la república, Umaro Sissoco Embalo” han terminado por debilitar una estructura estatal que ya de por sí era frágil.
Por la falta de separación de poderes real y la facilidad con la que suspenden, disputan o reinterpretan los procesos electorales como sucedió en las elecciones presidenciales de 2019; las legislativas de 2023 y las del pasado 23 de noviembre generan una sensación constante de incertidumbre. Esto no sólo deteriora la confianza del pueblo en los políticos como hemos podido comprobar con la reacción de estos ante la posibilidad de un fraude en estas elecciones, si no que también, dificulta el buen funcionamiento de de los servicios públicos, la captación de inversionistas y una posible construcción de un tejido social fuerte.
A estos problemas se suman factores estructurales como la corrupción, el narcotráfico y la pobreza crónica. Pero lo más triste de esta situación, no es la inestabilidad política que asola el país desde hace años, es la constante incertidumbre que se vive en las calles esperando a que vuelva a pasar “algo”, lo más triste es ver un pueblo lleno de dignidad, de cultura y de fuerza atrapado en un ciclo vicioso de inestabilidad y violencia que nunca “eligió”. Es triste ver gobiernos que no terminan de asentarse como vimos con el gobierno de la “Plataforma PAI TERRA RANCA” que duró solo tres meses en 2023 (lo que explicaremos en otra ocasión de manera más extensa). Esta coalición ganó las elecciones legislativas de 2023 por mayoría absoluta sin embargo, al tener el presidente el apoyo de las Fuerzas Armadas, decidió disolver el parlamento pasando por encima de la voluntad del pueblo. Es triste saber que la vida de millones de personas dependen de esa fragilidad tanto así que, hay generaciones enteras (que se supone que son el futuro del país) que se conforman ya con crecer y vivir en un país con un futuro incierto.
Desde mi punto de vista, más que reformas, Guinea Bissau necesita líderes capaces de asumir el control del país dejando atrás, su hambre de poder y poniendo el bienestar de su pueblo y la democracia por encima de cualquier juego de poder y sus ambiciones personales. Pero sobre todo, necesita un cambio de líderes y de valores éticos y políticos para dar paso a un futuro más estable y democrático para así, salir del estancamiento.

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