Hoy, 21 de julio de 2025, nos encontramos una vez más denunciando el racismo estructural, la xenofobia y el terrorismo supremacista blanco vivido en Torre Pacheco, Murcia, estos días, con la población mora como objetivo. Y aquí estamos, os hablamos las moras. Sí, esas 8 millones de musulmanes, árabes, amazigh, palestinas, africanas, gitanas, mestizos, sudacas, racializadas del mundo mayoritario, queer, trans y no binarios racializadxs, con pasaporte español, permiso de residencia, refugiados y sin papeles. Porque esta vez se ha señalado a la comunidad marroquí y a las musulmanas, pero el mensaje sabemos que va a todas, da igual lo que hagamos porque nuestra existencia para ellos es ilegal.
Nos quieren con miedo y escondidas, a poder ser bajo los plasticos de los invernaderos hasta la muerte, fuera de su vista y calladas, para que no se sepa la verdad: este caso no es puntual ni aislado, es racismo estructural.
El racismo en España que ha desembocado en el pogromo y la persecución racial en Torre Pacheco no podría haberse dado sin años, décadas, incluso siglos de señalamiento y criminalización al otro no blanco. Desde la persecución y expulsión del pueblo musulmán y judío, hace cinco siglos, pasando por los pogromos que se han venido desarrollando en el Reino de España contra el pueblo gitano, y llegando a la actual Ley de Extranjería, cuyo funcionamiento no difiere del planteamiento de la ultraderecha: detectar a personas inmigrantes para expulsarlasel pogromo gitano de 1749 (conocida como Gran Redada), la trata translantantica,el borrado sistematico de nuestras historias para construir un relato catolico, blanco y payo, que se desentiende de sus responsabilidades coloniales en África. Recordamos ell asesinato de Lucrecia Perez en 1992, cuyo caso es de especial relevancia dado que fue el primer asesinato racista reconocido por la justicia como tal. Repetimos primer asesinato racista reconocido por la justicia española. sino que desde 2022 cuando se quemaron casas gitanas en Pael de Pacheco (Jaén), los asesinatos en las muertes en la fronteras constantes con Masacres como en las de Melilla, trabajadores migrantes desaparecidos por sus patronos o el asesinato de Abderrahim o Muhammad Munir en este último mes.
Este no es el primer pogromo racista que vemos en España. Hace unos días, padecimos una situación similar en Alcalá de Henares (Madrid), donde los neonazis salieron a cazar menores migrantes bajo el mismo pretexto. Lo vimos hace 25 años contra la población magrebí en El Ejido. Lo vimos hace 3 años contra la población gitana de Peal de Becerro (Jaén), que igual que hace 40 años en Martos (Jaén), sufrió las consecuencias del antigitanismo. Pero lo vemos día a día con las políticas migratorias de España y la Unión Europea, con la externalización de las fronteras, la opacidad de Frontex y su tráfico de información con Europol ilegitimamente, la aplicación de sistemas de Inteligencia Artificial y algoritmica israelí con el sello de calidad por haberse probado sobre la población palestina durante el genocidio.
Somos una vez las no blancas y las migras, la cobaya de las políticas represivas, cuyas consecuencias por poner el cuerpo, es la muerte.
Europa se construye en base a una necropolítica que vemos atravesando cada institución europea, desde los altos estadios de gobierno hasta instituciones locales, pues de pensamiento y obra esa indiferencia en estas muertes no son más que fruto de una ideología capitalista que ve a las personas migrantes, y en estos casos africanas, como un excedente de mano de obra para perpetuar los mismos ciclos de explotación que llevan siglos reproduciéndose.
Mientras tanto, las instituciones, partidos y sindicatos de todo signo callan. Callan mirando a un lado. Callan negando el racismo institucional, el perfilamiento racial, el racismo inmobiliario, porque hay lugares peores. Callan no tomando medidas. Callan, cuando lo unico que tienen que ofrecer es hablar de racismo moral, o pedir un país sin racismo, pero vacío de políticas concretas y efectivas contra el racismo, no sólo querernos como decorado para ciudades multicultarules que nos excluyen de participar en la vida.
Frente a su odio racista, al capitalismo racial que lo sostiene y el orden colonial que alimenta, nos tendrán de frente y en pie, ocupando los espacios sin tutelajes.
Frente al terrorismo racista,
construimos comunidades antirracistas.
